El artículo 30 ha sido el más controversial que se ha discutido en esta Reforma Constitucional. Y no debe ser para menos. La definición de la vida de la persona amerita un debate profundo, sincero y en el que se representen todos los intereses.
Pero, ¿podemos decir que hemos tenido ese debate en nuestro país? El tema del aborto es un tabú en RD demasiado influenciado por las iglesias y las religiones. Mencionar la palabra es inclusive mal visto por muchos. Quienes se atreven a cuestionar el status quo, quienes se atreven a decir: “detengámonos a pensar” son inmediatamente censurados y condenados por el debate público.
¿Bajo que argumentos se quiere implantar el artículo 30 de nuestra Constitución? ¿Qué grupos apoyan la inclusión de este artículo? ¿Qué intereses se esconden al promover su inclusión?
La Iglesia Católica ha llevado la voz cantante en esta iniciativa, y los argumentos para su defensa terminan vinculando siempre la religión y sus creencias. Igual hacen las otras iglesias, quienes son más directos y utilizan como principal argumento para exigir su inclusión la palabra “pecado”, y con esta censuran todos los posibles cuestionamientos.
Si organismos internacionales como Amnistía Internacional meten la cuchara y piden que no sea aprobado ese artículo, es porque las posibles consecuencias son graves y no deben ser pasadas por alto.
Debemos hacer un debate sincero, con fundamentos, sin creencias ni “pecados” de por medio. En vez de estar encasillando de “feministas” a quienes apoyan su modificación y de “conservadores retrógradas” a quienes piden su inclusión, invirtamos esas energías en discutir con sinceridad, sin banderas políticas, que es lo que mejor le conviene a nuestra sociedad. A fin de cuentas, serán nuestras hermanas, nuestras hijas, quienes se verán afectadas por la decisión que tomemos hoy.














