Más de 90 vidas perdidas. 90 vidas que se suman a un largo listado de personas que perdieron su esperanza en el país y decidieron arriesgarse a ver qué se les pegaba por Puerto Rico.
Una historia que se repite con demasiada frecuencia, que ha dejado de ser un cuento de horror para pasar a ser otra de las noticias regulares de los periódicos.
“¿Cuántos fueron esta vez los que se murieron?” escuché mientras caminaba por la acera. Ya no nos sorprende que desaparezcan personas. No nos sorprende que tengan que recurrir al canibalismo para sobrevivir. Que consuman leche de una madre lactante. Que sean engañados. Que les vendan un sueño de algo que no existe. Que estén dispuestos a morir antes que permanecer en este país.









