COROTOS AJENOS
Cuando los partidos políticos están campaña, se nota que sus estructuras funcionan como eficientes maquinaria, perfectamente aceitadas, para coordinar las giras de los candidatos, para pegar carteles y cruzacalles y, sobre todo, para repartir las tristemente célebres funditas.
La misma velocidad, casi vertiginosa, se apodera de los cuadros dirigenciales, y las reuniones y debates se suceden con una dinámica que asombra, sobre todo cuando el fruto de esas discusiones se evidencia en propuestas, documentos de crítica, diagnósticos sobre los problemas y la enorme capacidad para acumular promesas.
Parece ser que cuando se llega al poder esa velocidad se agota, las estructuras se anquilosan o el entusiasmo preelectoral se desinfla súbitamente y, entre el comienzo de una gestión y el primer año de mandato, los motores apenas sí mueven perezosamente uno que otro engranaje y solo si es estrictamente necesario.
Hace más de un mes que la aparición de siete cadáveres, consecuencia de una matanza en Paya, Baní, en la que se encuentran implicados cuadros policiales, motivó una serie de denuncias del senador Wilton Guerrero, que acusó a autoridades civiles, judiciales y policiales de connivencia y complicidad con el narcotráfico.
Las medidas tomadas por el Gobierno en torno a las denuncias del legislador fueron muy tibias y de un carácter extremadamente burocrático, esa reacción tuvo la misma velocidad que la marcha de las tortugas y hasta ahora no ha habido ninguna respuesta convincente a las denuncias de Guerrero.
Un poco más rápido en reaccionar fue el narcotráfico, que ya le puso precio a la cabeza del senador, en una muestra de que sus estructuras gozan de muy buena salud pese a la retórica de combate sin cuartel contra la droga, desplegada por algunas voces del poder.
El comité político del PLD parece sufrir de la misma lentitud de reacción que el conjunto de las estructuras gubernamentales, pues hasta ahora no se había dado por enterado de que la matanza ocurrió, no hizo pública ninguna declaración de respaldo al legislador perteneciente a sus filas, pero en la noche del lunes 8 de agosto decidió debatir las denuncias del senador.
Esta decisión motiva algunas preguntas: ¿hay que discutir las denuncias de un legislador que señala claramente a miembros del Poder Judicial y de la Policía implicados en el narcotráfico, o exigir que esas denuncias se investiguen hasta las últimas consecuencias? ¿Es atribución de un comité político partidario debatir una denuncia o una serie de denuncias? ¿Cuál es el objetivo de esa discusión? ¿Después de debatir las denuncias de Guerrero, el comité político del PLD hará públicas sus conclusiones?
*Este es el Editorial de Clave Digital publicado el martes 9 de diciembre 2008.









