Chequéense este otro chistecito que recibí por correo. A mí me fascinó, digan ustedes a ver que les parece…
El padre y la pecadora…?
- Padre, perdóneme porque he pecado.
- Dime, hija, ¿cuáles son tus pecados?
Padre, el demonio de la tentación se apoderó de mí, pobre pecadora.
- ¿Cómo es eso, hija?
- Es que cuando hablo con un hombre tengo sensaciones en el cuerpo que no sé como describirlas…
- Hija, por favor, que también soy un hombre…
- Sí, padre, por eso vine a confesarme con usted.
- Bueno hija, ¿y cómo son esas sensaciones?
- No sé cómo explicarlas, por ejemplo, ahora mi cuerpo se rebela a estar de rodillas y necesito ponerme más cómoda.
- ¿En serio?
- Sí, quiero relajarme y quedarme tendida…
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