El 3 de julio todas las primeras planas de los periódicos locales e internacionales, tanto impresos como digitales, estaban adornados por la noticia de que después de 6 años, 4 meses y 9 días, Íngrid Betancourt fue liberada.
Con 3 días de libertad, Íngrid conversó con el presidente Uribe de Colombia. El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, le mando a Colombia a sus dos hijos (Melanie y Lorenzo) y demás familiares en un avión privado del gobierno. Íngrid viajó a Francia y tuvo un encuentro con Sarkozy. El resto de los liberados (11 militares colombianos) retomaron sus vidas. ¿Y los contratistas estadounidenses? ¿Dónde están? Están en cuarentena en una base aérea de Texas. No es que tenga algo de malo, sino que resulta irónico y hasta chistoso que mientras los demás rehenes están con sus familiares retomando sus vidas, e Ingrid anda por el mundo hablando con presidentes… los tres estadounidenses los tengan como un virus Troyano.
Marc Gonsalves, Thomas Howes y Keith Stansell permanecían secuestrados desde el 13 de marzo de 2003 cuando el avión en el que viajaban cayó en la selva Colombiana controlada por las FARC. El caso es que en todo el tiempo que estuvieron en cautiverio (5 años) EE.UU. hacía practicamente nada. Los tres contratistas son los estadounidenses que han permanecido más tiempo secuestrados en el mundo.
Mientras Francia exhortaba al mundo a comprender la difícil situación de la rehén franco-colombiana Ingrid Betancourt, e incluso envió una misión humanitaria durante un intento de rescate fallido este año, el gobierno de Estados Unidos permanecía casi en silencio en torno a los empleados de la subsidiaria de Northrup Grumman Corp.
Estados Unidos manejó su situación opuesto a Colombia. Los mantienen en cuarentena para “cuidar su salud” y “ayudarlos a reintegrarse poco a poco a la sociedad”. ¿Servirá la técnica? Habrá que ver, mientras tanto que se cumpla la cuarentena…










