Cuando en el 1977 doña Tina, una señora de más de ochenta años, gruesa, de piel oscura “pero soy dominicana” empezó a vender chucherías en los alrededores del Mercado Modelo, no imaginó que estaría iniciando un mercado que llegaría a convertirse en uno de los más dinámicos de la zona.
Llegó sin ser invitada, con muchas ilusiones y con el sueño de algún día instalar una gran tienda. En un principio estaba sola, pero no estuvo así por mucho tiempo. Muchos otros también llegaron a la zona, con los mismos sueños e ilusiones, y se instalaron en la misma acera de doña Tina.
Solange, o doña Soso, fue una de las primeras haitianas en llegar. “Llegué en el 1978, y desde entonces estoy aquí, ganándome los chelitos para comer.” Cuando llegó, el hoy Pequeño Haití estaba empezando a formarse. No era una zona de tanta actividad tan solo habían varios comercios.
“Hoy hay muchos vendedores. Es difícil hacer negocios, porque hay tanta gente vendiendo, que ya no me compran a mí,” dice doña Soso.
El Pequeño Haití es uno de los mercados más famosos de toda la ciudad. Cubriendo las calles que bordean el Mercado Modelo, haitianos y dominicanos conviven en paz debajo de toldos improvisados de lonas azules y planchas de zinc. Las prendas de ropa, trenzas de pelo, chancletas, cremas… traídas de Haití, Panamá y Brasil cubren las aceras y parte de las calles.
Su nombre delata la nacionalidad de la mayoría de los vendedores. Pero esta zona está ajena a los conflictos étnicos que muchas veces se reseñan en los medios de comunicación. “No he sentido discriminación”, declara con mucha seguridad doña Cheché, otra vendedora haitiana de la zona.
Solange asiente con la cabeza y expresa que “uno no puede buscar chismes ni problemas. Si uno está tranquilo y no se mete con nadie, nadie se mete con uno. Mis vecinos son como familia propia.”
Todas extrañan los años pasados. “No hayamos ni que comer. Antes era que se vendía, ya nadie viene por acá a comprar”.
Fue en los años ochenta el Pequeño Haití experimentó su mejor momento. Doña Tina sonríe al revivir esos recuerdos. “Esos si fueron buenos años. Ahí sí se vendía, ya no. No hay dinero en la calle.”
Lo mismo dice Doña Soso, “ya ni en diciembre se vende mucho. Parece que la gente está comprando cosas caras, entonces no me compran las cositas que yo vendo.”
En los años noventa fue que las autoridades se percataron de la existencia del Pequeño Haití. “Antes no se metían con uno (el Ayuntamiento), pero en esos años me molestaban mucho. A cada rato me llevaban presa con toda mi mercancía“, dice doña Tina.
Lo mismo le sucedía a doña Cheché, quien relata como mientras estuvo en la calle fue víctima varias veces de robos. “Tengo un hijo que es capitán del ejercito. Él le hablaba a la gente y le decía que no se metieran conmigo”.
En el 1995, durante la sindicatura de Fello Suberví, el Ayuntamiento del Distrito Nacional le ofreció a los vendedores del Pequeño Haití una placita. “El vino por aquí, nos llevó para el Ayuntamiento y nos ofreció una plaza. A mí me ofreció ponerme un sitio por ser la primera, pero no ha hecho nada, todavía lo estamos esperando”, dijo doña Tina alzando la voz.
La plaza comercial nunca llegó. A pesar de haber sido prometida varias veces, ninguno de los vendedores recibió lo ofrecido. Los problemas de robos y redadas continuaron, por lo que doña Tina, junto a doña Soso y otras 10 vendedoras haitianas más, en el 2002 se motivaron y crearon su propia placita.
“Este local estaba vacío, así que hablé con otras vendedoras y entre las 12 pagamos el alquiler. Ahora es mejor, no tengo que andar con mi mercancía ni me llevan presa. Aquí nadie se mete con uno“, dijo doña Soso sentada desde su puesto en la placita.
El mantener el negocio es un trabajo arduo que requiere de una atención constante. “Si uno no está arriba de esto, el negocio se te cae”. Es por esto que los vendedores realizan viajes mensuales a Haití para abastecerse de mercancías.
“Vengo por Jimaní, antes estaba a 275 pesos el pasaje, pero ahora subió y está a 350. También hay que pagar la visa una vez al año, que son como 400 dólares, y con eso puedes entrar cuantas veces quieras”, dijo Christian, un vendedor haitiano de cortinas que viaja varias veces al mes.
Pero los viajes se están volviendo más escasos. Muchos vendedores prefieren no viajar, sino comprarles a los viajantes como Christian los productos que desean revender.
También rosas y margaritas
El Pequeño Haití es también famoso por su venta de flores, como declara Porfirio, uno de los primeros vendedores de la zona. “Yo llevo 29 años en esto”, declara con gran orgullo. Desde una acera de la calle Imbert, debajo de una sombrilla vende rosas, claveles, margaritas, crisantemos, entre otras.
El negocio de las flores se desarrolla paralelo al de la venta en las aceras. “A las mujeres de las aceras solo le compran personas. A nosotros nos compran muchas floristerías”, dice con gran seguridad.
La jornada es larga para los aproximadamente 15 vendedores que se dedican a la venta de flores. A las 4 de la mañana reciben las mercancías de Constanza, y desde las 5:00 hasta que “se termine el día” venden las flores.
Los floreros llegaron a la zona al igual que doña Tina y doña Soso. “Primero llegó uno, después llegó otro y se quedaron”. Estos han tenido la dicha de nunca tener conflictos con las autoridades.
“Con los que vendemos flores nunca se han metido, sólo se meten con los que venden chucherías en las calles”, afirma Pancho, otro vendedor.
Ninguno de los primeros vendedores, tanto de flores como de otros artículos, pensó que el Pequeño Haití llegaría a convertirse en la zona importante y activa que hoy es. Las interesantes dinámicas que en esta parte de la ciudad se registran han motivado a autores como Manuel Matos Moquete a escribir obras sobre sus personajes.
“Al final yo lo que quiero es vender, que la gente me compre”, dice doña Cheché, mientras sonríe, esperando quizás que su deseo se convierta en realidad.
Este reportaje lo escribí para la clase de Géneros y Perfiles Periodísticos en la universidad…











Junio 7th, 2008 en 10:39 am
Wow, Luijo! Excelente reportaje, me gusto muchisimo.
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Junio 27th, 2008 en 12:48 pm
Ya que soy haitiano, les doy las gracias en nombre de todo Haiti por tan lindo articulo!!!
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