Cuando en el 1977 doña Tina, una señora de más de ochenta años, gruesa, de piel oscura “pero soy dominicana” empezó a vender chucherías en los alrededores del Mercado Modelo, no imaginó que estaría iniciando un mercado que llegaría a convertirse en uno de los más dinámicos de la zona.
Llegó sin ser invitada, con muchas ilusiones y con el sueño de algún día instalar una gran tienda. En un principio estaba sola, pero no estuvo así por mucho tiempo. Muchos otros también llegaron a la zona, con los mismos sueños e ilusiones, y se instalaron en la misma acera de doña Tina.










