En estos días que pasaron de Semana Santa me llegó a la mente algo muy cierto que nos pasa a todos. A la hora de empacar no vale cuánta mente le demos, siempre obligatoriamente se nos queda algo, eso es ley.
Lo mismo pasa a la hora de regresar, revisamos debajo de las camas, en las gavetas, dentro del clóset… cada rincón del lugar donde nos quedamos. Creemos que lo llevamos todo pero resulta que cuando llegamos a casa nos damos cuenta de que algo se nos quedó. Si no nos damos cuenta, el dueño de la casa donde estuvimos nos llama para decirnos todo lo que dejamos (si vas a un hotel, la “macaste” porque no te llaman, y si te llamarán ¿quién va a coger pa’ allá?).
A ti ¿qué es lo que siempre se te queda cuando viajas?









