Celebrando el nacimiento de nuestro patricio Juan Pablo Duarte, estaba leyendo su ideario, y tuve que deternerme al leer la siguiente frase:
“La política no es una especulación; es la ciencia más pura y digna, después de la Filosofía, de ocupar las inteligencias nobles.”
Qué percepción tan hermosa de la política. Una política que existe para servir, para trabajar, para luchar por el bienestar de todos los ciudadanos.
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No es especulación, por lo que debe de estar fundamentada en hechos, en acciones verificables.
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Es la ciencia más pura y digna, por lo que quienes se dediquen a la política deben ser puros y dignos.
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Y ocupa las inteligencias nobles, por lo que los políticos no deben de ser sólo inteligentes, sino también dedicar esa inteligencia a objetivos nobles.
¡Qué diferencia tan abismal entre la visión de Duarte y la realidad que hoy vivimos! Con anuncios de Perredeína, campañas dedicadas a descalificar a los adversarios, sin propuestas, tan sólo insultos. ¡Qué noble es nuestra política! ¡Qué nobles son nuestros políticos! ¡Qué dignos nuestros representantes!
Pena y verguenza es lo que me da, como dominicano, el saber que tuvimos patriotas con objetivos tan altruistas, y que hoy nuestros políticos no se dediquen a imitar sus acciones, sino que se han olvidado por completo de los valores que crearon nuestra nación, y se han dedicado a insultarse, llamarse ladrones y regalarnos salami creyendo que somos unos muerto de hambre.
¿Qué diría Duarte si hoy se levantara de su tumba y descubriera como es su República Dominicana, esa nación con la que soñó, por la que sufrió, en la que creyó?









