El sábado andaba en la calle, y cuando me detuve en un semáforo alcancé a ver a estos 3 niños jugando algún juego que desconozco. Se veían tan felices, tan inocentes… tan niños, ahí en la acera de calle, jugando apenas con unas tapitas plásticas y unas monedas.
Entonces me acordé de las veces que de niña lloraba porque mis padres no querían comprarme un juguete en específico, teniendo una habitación llena de muñecas y juguetes que hacía años que ni miraba, me acordé de las veces que teniendo juguetes de sobra, lloraba de “aburrimiento”. Mientras me acordaba de esos momentos de mi niñez veía esos niños y en ese preciso momento pensé en lo injusta que había sido, pero para ser sincera no me sentí culpable, porque a decir verdad ¿qué madurez y consciencia podía tener con apenas 9 años? ¿podía yo con tan poca edad imaginarme algo que nunca había visto? Sigue Leyendo…











