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Estado fallido, fallido, fallido

Publicado el 6 de Noviembre de 2007 por Luijo

COROTOS AJENOS

Este artículo del abogado Nassef Perdomo Cordero publicado en Clave Digital considero que pinta una interesante y acertada visión de la realidad dominicana. Leánselo y dejen su opinión sobre lo que plantea. ¿Sómos un Estado fallido?

Estado fallido, fallido, fallido
Por Nassef Perdomo Cordero.

La gente de Foreign Affairs debería darse una vueltecita por el país para ver si reconsideran su decisión de excluirnos del grupo de los “Estados fallidos”. Que no se preocupen, que esta vez no habrá mayor escándalo ni revoloteo en protesta porque nos digan algo que hoy es más que evidente. (Aunque, vistas las reacciones frente a unos relatores internacionales que nos hablaron del evidente racismo que hay en el país, puede que me equivoque).

Cada vez más, República Dominicana parece ser un simple conglomerado humano y no una sociedad política organizada. El Estado dominicano cumple muy pocas de las funciones que le corresponden (que no sea la de cobrar impuestos para gastarlos en chulerías y Metros).

No importa cuál construcción teórica clásica del concepto y la justificación del Estado se tome… el nuestro falla de manera estrepitosa.

Hobbes justificó el Estado diciendo que surge como consecuencia de la búsqueda de a seguridad. Las personas renuncian a su libertad, o parte de ella, para que el Estado utilice el poder que le ha sido delegado en aras de proveer condiciones mínimas para una vida tranquila. En nuestro país eso no es así.

Ninguno de los proyectos que se supone que el Estado tiene que asumir tiene buen fin. Ahí está el sistema de seguridad social, que se está derrumbando pilar por pilar sin que nadie haga nada. Algo que debió estar resuelto antes de echarlo a andar ahora cojea, o más bien se arrastra penosamente apoyado sólo en muñones.

Lo mismo pasa con el sistema educativo que, durante décadas, ha sido uno de los peores del mundo y al cual nuestros flamantes gobiernos le retiran fondos para que los gasten los guardias o los ingenieros del Metro. Nos llenamos la boca de plumas hablando de modernidad, de insertarnos en la economía mundial y “brecha digital”, compramos muchas computadoras, las conectamos a la Red y creemos haber resuelto algo.

Pero nos olvidamos del hecho simple de que para que eso tenga efecto alguno es necesario que los usuarios tengan un nivel de alfabetización mínima. ¡Ah! Pero como comprar butacas y pagar buenos maestros no es “chic”, no se hace.

No hay justicia tampoco. A pesar de las esperanzas que se habían labrado en torno a la acción del Estado en los fraudes bancarios, eso se ha desmoronado en forma penosa. Lo que quiso ser una sentencia salomónica no pasó de ser un agua tibia de esas que el Apocalipsis condena a ser vomitadas. Una sociedad expectante, consciente de su pobreza material, tuvo que ver confirmada su pobreza institucional.

El Estado dominicano tampoco resiste el análisis webberiano. Porque si el padre de la sociología consideraba que el monopolio del ejercicio legítimo de la violencia era su característica principal, los hechos demuestran que la sociedad dominicana no le reconoce esa exclusividad al Estado. Los penosísimos casos de linchamiento están ahí. Cogiendo piedras para los más chiquitos, un pueblo genuflexo ante los grandes criminales se arma de valor para asesinar a los rateros.

Pero el último ejemplo –y quizás la gota que debe derramar el vaso de nuestra indignación- es lo sucedido con la tormenta Noél. A pesar de sus protestas tardías, el gobierno no hizo nada por dar a conocer a la ciudadanía la gravedad de lo que se avecinaba.

Los dominicanos nos vinimos a enterar de lo ocurrido sólo cuando ya había pasado lo peor. Y no todos tuvimos el privilegio, al momento de escribir estas líneas ya se contabilizan 21 muertos que nunca supieron que estaban en peligro.

Es una repetición de la imperdonable situación que se produjo en el país con el paso del Georges hace 9 años. No olvidemos que, mientras sus vientos asolaban ya la región Este, un alto responsable de la puesta en marcha de planes de prevención estaba en televisión acusando de alarmistas a los meteorólogos del Centro de Huracanes de Miami. Nueve años no nos han enseñado nada.

Hoy, un país sorprendido es testigo de cómo los responsables intentan escurrir el bulto. Seguro que también de esto encontrarán culpables en otros lares.

No es de extrañar que tantos dominicanos opten por marcharse del país. Después de experiencias como esta cualquiera se lo piensa. La verdad es que quizás sea aquí que se haga realidad el famoso chiste argentino de que el último que se marche tenga que apagar el bombillo. Rayos. Lo siento, olvidé que tampoco hay luz.

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4 Comentarios para este post

  1. Bongo dijo:

    la concienciacion de los problemas de nuestra nación es sin lugar a duda es el mejor recurso que tenemos para como se dice popularmente echa pa’lante lamentablemente mientras tengamos sociedades corruptas políticos engañosos y trafico de influencia nuestros esfuerzos seguirán desmoronándose en un país donde la democracia es una ilusión del gobierno y no se piensa si no para el bien del bolsillo y esto no es mas queel punto de vista un simple muchacho de 14 anos que se preocupa por su país

  2. Luijo dijo:

    Bongo, coincido en un 100% con tu opinión. Es “antipatriótico” no preocuparnos por lo que está pasando, no cuestionarnos, no exigir más. Creo al igual que tu que las cosas se pueden hacer mejor, y que es responsabilidad de todos nosotros como sociedad exigirlo. Gracias por tu comentario, sigue visitando Ahí e`que prende!

  3. Andiel dijo:

    Comparto las inquietudes de Nassef. Me duele ver cómo al pasar de los años, otros dominicanos se encargan de sepultar más nuestro país.

    Pero lo último que se pierde es la esperanza compañeros, así que, a prepararse para darle otro rumbo a la República Dominicana.

  4. Yanela Zapata dijo:

    Y esa esperanza que mencionas Andiel, está en nosotros, los jóvenes, en lo que podemos hacer ahora y en lo que estamos dispuestos a hacer en el futuro.
    Así que, este tipo de situaciones nos desnudan los errores de los que tenemos que aprender para mejorar.

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Primer cortometraje de Gloria, desde NY.

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