Prepárense para ver los carros en la calle llenos de banderas, los colmadones llenos de gente viendo el juego y los datashows refelejando los juegos en las paredes de la Lincoln. De vez en cuando, en el súper o en la fila del banco, probablemente se sumarán a las conversaciones del de al lado para interceder por su equipo, y claro discutir con los amigos sobre si este año le toca al Licey o a las Aguilas. Desde hoy y hasta febrero del 2008, los que no quieren saber de pelota se tendrán que chupar los ruidosos bonches de celebración en la avenida Lincoln y en el Malecón, para a fin de cuentas, terminar sumándose al grito de… ¡Ganamos! y pretender que son fanáticos de un equipo para así tener una excusa y salir de bonche.










