Hace unos cuantos años tuvimos un presidente, el señor Balaguer, (no, no voy a hablar de política) que alimentaba su liderazgo a base de regalitos. Poco a poco, esa práctica se convirtió en costumbre, y como dicen por ahí que “la costumbre hace ley”, la maña de siempre esperar un regalito se hizo ley en la cultura dominicana. Es quizás por eso, que las clases menos privilegiadas de nuestra sociedad (con excepciones claro está), nacen, crecen, viven y mueren con la cultura del “dame”, es decir, siempre esperando que un tercero llegue a resolverle sus problemas.
Todo esto me hace recordar una vez mientras estaba en una OMSA (servicio de autobuses público), a un señor que estaba sentado al lado mío, cuando pasamos frente a un dealer de carros dijo: “Mira to’ eso carro ahí, parao’ sin darle uso, y uno aquí en una OMSA, deberían de dárnoslo”. En ese momento me dieron ganas de preguntarle: “Señor, ¿usted ha hecho algo para ganárselo?”. Y es que el dominicano poco pudiente piensa que los demás, que económicamente pueden más que él, tienen la obligación (no la voluntad) de sacarlo de sus embrollos, e incluso se niegan a aceptar que muchos (está claro que no todos) sí se han ganado el pan sudando la gota gorda.
La solución para enmendar un poco la miseria que padece gran parte de la ciudadanía dominicana no es dar dinero, no es regalar residencias, no es generar empleos de quinta, ni nada por el estilo, esas son soluciones momentáneas. El problema hay que tratarlo desde la raíz, no desde las hojas. Una vez escuché por ahí decir que si le das a un hombre un pescado, tendrá comida por un día, sin embargo, si lo enseñas a pescar, tendrá comida para toda la vida. ¿Qué quiere decir eso? Quiere decir que el asunto está en enseñar a ganar el pan, ¿cómo? Fomentando la educación (suena cliché pero es así), invirtiendo en escuelas, pero en escuelas de verdad, no blocks debajo de una matica de mango, en partirse el lomo hasta lograr que las clases bajas entiendan que sin educación nunca habrá progreso. Un niño que va a la escuela, luego va a la universidad, ese niño (ahora adulto) es un profesional capaz de conseguir un empleo digno y de mantener a su familia decentemente.
Pero, para llegar a todo eso, es necesario tener voluntad y optimismo que sólo han de lograrse con la ayuda de una mano amiga, una mano que esté dispuesta a brindar un poquito de lo mucho que la vida le ha ayudado a conseguir (y no necesariamente tiene que ser material), esa mano amiga, puedes ser tú, ¿qué esperas?










Agosto 7th, 2007 en 12:42 pm
Al dominicano le gusta que le den lo que sea, de eso no hay duda. Nos mal acostumbraron. Y recuerdo una clase en la que el Prof. Miguel Vega describe esta actitud del dominicano, dijo:
Están regalando patadas…!
Y el dominicano sale huyendo a buscar una patada y después averigua.
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Agosto 9th, 2007 en 6:33 pm
jajaj, diantre si! ahora recuerdo cuando el Prof. Miguel dijo eso en mi clase:p, lo había olvidado full!
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