Peajes citadinos!
Publicado el 26 de Julio de 2007 por Andiel
por Andiel
Transitar por las calles de Santo Domingo se ha convertido en una experiencia casi aventurera que miles de conductores tienen que presenciar cada día. Desde años se han venido haciendo esfuerzos por parte del Estado dominicano para controlar la adquisición y uso de vehículos de motor. Para ello se han establecido une serie de imposiciones de carácter técnico, tal es el caso de la “Revista”, que certifica al vehículo con las condiciones necesarias para circular en la vía pública, y la cual supone un aporte económico; o sino las que son de carácter meramente tributario, como: el ITBIS, el impuesto por la “Placa” y los peajes.
En el caso específico de los peajes, surgen como forma de recaudar dinero para reinvertirlo en el mantenimiento y la seguridad de las vías, al mismo tiempo en que ejercen un monitoreo del flujo vehicular en un punto específico. En la actualidad se cuenta con peajes oficiales ubicados en las salidas Oeste, Norte y Este de Santo Domingo. Pero en las calles de esta ciudad, se han ido estableciendo paralelamente decenas de peajes informales, pero que cumplen el mismo cometido. Basta con tomar avenidas como la Bolívar, Independencia, 27 de Febrero, Winston Churchill, Abraham Lincoln, entre otras, y lo comprabará usted mism@.

Estos peajes se clasifican según el oficio que realice y poseen características especiales en cuanto a la forma de interactuar con el conductor.
En primer lugar están los limpiadores de vidrios quienes lanzan la esponja enjabonada sobre el cristal delantero, sin antes haber preguntado. Estos son muy insistentes y pueden tornarse agresivos ante la negativa del conductor para aceptar el servicio, lo que hace que, por temor, se le dé dinero para librarse de él. Algunos se dan la tarea de rayar la pintura del vehículo con una tapita metálica de botella, para desahogar su enojo.

También están los niños pedigüeños que operan en vías transitadas próximas a establecimientos comerciales, los cuales son menores de edad que se dedican a pedir dinero durante todas las horas del día. Los hay que limpian vidrios, aun si sus brazos son tan diminutos que no alcanzan a cubrir todo el cristal. Muchos trabajan por obligación dado que adultos desaprensivos se aprovechan de los beneficios de su fuerza laboral. Estos aceptan cualquier cantidad de dinero. Y en tercer lugar se cita a las personas con otras capacidades (Ej: ciegos, cojos,…), quienes apelan a la empatía de los conductores y los seducen con su triste y deshumanizada situación física. Al acercarse a los vehículos se exponen a mucho peligro y a veces entorpecen el flujo vehicular cuando cambian los semáforos.

Ante todas estas situaciones encontramos al ciudadano común pagando una serie de peajes extra oficiales que siempre dejan la duda sobre quién se beneficia realmente. No obstante se trata de un ciudadano que paga sus impuestos al Estado y sus servicios básicos. Además se crea una presión psicológica debido a esta compleja carga de ofertas y demandas a que es sometido, que se traduce en tensión y ansiedad al volante.
¡Ojalá y a las autoridades correspondientes les tocara detenerse alguna vez en un semáforo en rojo, para ver cómo pasan estos peajes citadinos!
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