Australia siempre nos ha traído cosas buenas: la hermosamente kilométrica Nicole Kidman, el difunto cazacocodrilos Steve Irwin, la deliciosa cocina de Outback, hasta las Uggs, las botitas de Invierno que marcaron un hito en el 2004. Por eso, al descubrir la nueva tendencia que nos traía el continente de “Down Under”, esperamos emocionados… pero en vez, llegaron los Crocs.
Estos rústicos zuecos de plástico se utilizaron una vez para la agricultura, pero los malvados se escaparon del jardín. Los Crocs invadieron playas, casas, centros comerciales; esparciéndose como un enfermizo virus. El Verano 2006 se vio estigmatizado por el hule de estos feos zuequitos.
Alegando comodidad, muchas personas respondieron al diabólico llamado de los Crocs. Cientos de miles dieron US$30 a cambio de la sensación australiana, comenzando la que se convertiría en la pesadilla de todo quien dice tener buen gusto.

No es un secreto que el dominicano se enorgullece de estar al tanto de todas las modas, y al ver los dichosos zuecos en los piecitos de los hijos de las celebridades, muchas señoras de sociedad mataron para que sus retoños fueran los primeros en caminar la Marina en Crocs. Pronto, el calzado de muchos menores pudientes se vio limitado a zuequitos de todos los colores imaginables. Al no gozar de independencia, los misrables niños han recorrido todo Santo Domingo y demás provincias con los pies forrados de plástico.
Y de la nada, un manganzón utilizó los Crocs como si de unos Ferragamo se trataran, ocasionando que sus demás compinches atribuyeran virtudes de autosatisfacción a los zuecos australianos. Este evento catalizó la enfermedad plástica en Santo Domingo y el resto del mundo.
Ahora, la epidemia está demasiado esparcida. Podemos encontrar los Crocs en luga
res tan insólitos como el gimnasio, y los tenemos a metros de distancia en nuestra propia universidad, donde unos zuecos color amarillo lumínico han hecho lagrimear nuestros ojos en demasiadas ocasiones.
¿Cómo se cura la Croc-Manía?
Yo propongo una gran fogata, donde arda este horrible objeto de culto de las ovejas de la moda. Y si no tiene más remedio, únaseles; cómprese los benditos zuecos, y escuche el Clic-Clac de su Dignidad mientras se aleja.










Febrero 13th, 2008 en 12:59 am
Tan feo que son!
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Octubre 10th, 2009 en 3:16 am
Mira no me gusto tu analisis, porque no lo realizaste de una manera imparcial, simplemmente estas detallando que no te gustan, a mi en lo particular ”me encantan” son suer comodas y los colores me fascinan, y por si el precio es existen muchas imitaciones super baratas e identicas!!
Yo las uso para ir a todos los lugares, que importa que no sean unos manolo blanik o cualquier tipo de calzado caro o de ”MARCA” son excelentes y apuesto que no soy la unica en este pais que opina asi.
gracias.
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